Oficina de Turismo
Calle Las Torres, 40.
41620. Marchena (Sevilla).
Teléfono: 95 532 10 10 Extensión: 175 y 174.
Correo electrónico: turismo@marchena.org
Ruta amarilla
La más corta de ellas es la que comienza en la Plaza de San Andrés, justo el mismo lugar en el que termina. En apenas 40 minutos de trayecto, los interesados pasearán por la calle La Torres, San Sebastián, la iglesia de San Agustín y el arco de la Rosa. Localizaciones en las que apreciamos los primeros rasgos y características de la urbe. Por ejemplo, el convento de San Andrés, de estilo gótico-mudéjar, guarda bellos retablos, un púlpito y columnas que no pasan desapercibidas. Tampoco lo hacen los dulces que venden las Mercedarias: alfajores, amarguillos, tortas y lazos con los que compaginar arte y repostería.
La parroquia de San Sebastián nos sorprende poderosa con una fachada muy distinta a la vieja ermita de extramuros a la que sustituyó. Su artesonado de madera, el retablo mayor, que nos evoca directamente al barroco, y las figuras que alberga en su interior, como las del mismo San Sebastián, el patrón, San Pablo y una venerada talla de un Cristo del siglo XVI, son algunos de los elementos más significativos.
Como lo es, en sí, la iglesia de San Agustín: esbelta, vasta, sencillamente ornamentada en la corriente del barroco neoclásico. Esta es otra de las imprescindibles en el municipio. Se levantó fruto del esplendor del siglo XVIII y, cómo no, de un ducado que invirtió en Arquitectura. En en el XX, finalmente, se colocó el Sagrado Corazón de Jesús encima de la cúpula.
El arco de la Rosa nos sirve para remontarnos algo más en el tiempo. En concreto, al siglo XII y a una lejana villa cercada de piedras. Esta era la Puerta de Sevilla, que después fue remodelada en la época de Pedro Ponce de León, V Señor de Marchena, con el beneplácito de una bula del Papa Martín V. Las dos torres que lo custodian se han convertido en emblemas de la localidad de la campiña. Una mirada fugaz parece suficiente para identificar este monumento con su emplazamiento.
La Plaza de Melchor y la Casa del Escudo surgen también a lo largo de esta ruta a la que, poco a poco, se le van agotando los minutos. La primera es una plazoleta de reducidas dimensiones por la que se accede al museo dedicado al escultor local Coullaut Valera. En ella, se brinda un recuerdo al guitarrista del mismo nombre, junto a un farol que alumbra en la céntrica Puerta de Morón. La segunda edificación, por otra parte, presume desde la calle con dinteles y pilastras. Data del siglo XVII y posee un grueso escudo en la entrada que le otorgó su denominación definitiva.